“Qué sé yo”

“Qué sé yo” dijo el presidente de los argentinos hablando del consumo de marihuana. Y a continuación lanzó una serie de afirmaciones que mostraron que lo que sabe es nada.

“Qué sé yo” dijo el presidente de los argentinos hablando del consumo de marihuana. Y a continuación lanzó una serie de afirmaciones que mostraron que lo que sabe es nada.
Hay que hablar poco de lo que se sabe y nada de lo que no se sabe, me enseñaron de chica. Y cuando el tema del que se habla tiene un impacto tan grande y doloroso en la vida de miles de personas conviene, sobre todo cuando se tiene la responsabilidad de dirigir un país, informarse. Informarse con los que saben, con los que atienden el problema.
Por ejemplo, podría hablar con el doctor Gabriel Nahas, egipcio, quien fuera en la segunda mitad del siglo XX el director de Investigaciones sobre drogas de la ONU quien afirma : “Los estudios que se han efectuado en torno al daño que la cannabis causa a las células, nos ayudan a entender los efectos perniciosos de la droga en los pulmones, los órganos sexuales, el cerebro y el sistema inmunológico. Cabría afirmar que el deterioro celular ocasionado a lo largo de los años por la marihuana es, de hecho, un lento desgaste vital”.
Podría hablar con el psiquiatra John Mitchell quien le diría que “precisamente cuando los chicos necesitan madurar más que nunca en el terreno psíquico, el ensimismamiento y el deseo de obtener gratificación inmediata los arrastra hacia el infantilismo. Cuando más necesitan aprender a luchar contra las tormentas emocionales de la adolescencia, claudican y disipan sus problemas en el humo de la marihuana…muchos jóvenes de hoy no madurarán como deberían. Por ello abundarán los adultos inmaduros e impreparados algunos de los cuales no podrán vivir sin asistencia económica, social o médica”.
Podría hablar con Madres Territoriales, una Ong formada por madres de adictos, y se enteraría que “Esta enfermedad hace que la familia se desintegre, y una familia desintegrada no puede trabajar normalmente, una familia desintegrada solo puede dar a la sociedad angustia.” 
Podría hablar con el padre Pepe para saber que “que las drogas y las adicciones son una herida sangrante de nuestro Pueblo, constituyen  una barrera importante para el desarrollo integral de personas y comunidades.” Sabría “cómo las adicciones y todo lo que se produce a su alrededor van rompiendo los lazos sociales de nuestras comunidades y detonan como bombarderos los valores fundamentales que nos unen como comunidad.”
No sabemos qué sabe usted, señor presidente. Yo aprendí a conocer la realidad del consumo de marihuana y los padecimientos que acarrea para los adictos y su familia recorriendo los barrios de pueblos y ciudades. La conocí en mi trabajo como docente. La palpo al leer las crónicas de delitos.
Yo sí sé que nadie “la pasa bien dañándose”, para saberlo basta con acercarse a esas realidades con los ojos y el corazón abiertos.
Hay  silencios cómplices que contribuyen a que las drogas y las adicciones sean hoy la otra pandemia silenciada. La ignorancia y superficialidad al tratar el tema, también son una forma de complicidad que agrava las intemperies existenciales a las que quedan condenados quienes padecen el drama de la tóxico dependencia.